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3 de noviembre de 2011

DIVORCIADO DE 380 PARES DE ZAPATOS


Después de haber intercambiado varios e-mails sobre como funcionaba mi agencia, Victor me pidió una reunión pero fuera de mi despacho, en una cálida cafetería en la esquina de Velazquez con Ortega y Gasset.
- Verás, - empezó mi nuevo cliente sin más rodeos; - sepas que he estado casado con una Miss Colombia y no quiero una mujer de pasarela, quiero una BUENA PERSONA, ¿me explico?
- Perfectamente, - contesté, pero en el fondo sabía que ese no sería el requisito clave. ¿Y qué te pasó con  Miss Colombia? - pregunté.
- No quería tener hijos para no estropear su figura y cuando me dejó, no te lo vas a creer! Esa cabrona no solo se llevó los 380 pares de zapatos que le había comprado en 5 años de nuestro matrimonio, si no arrancó las cortinas de mi salón!
Si la indignación se midiera con algún aparato, reventaría en este mismo momento.

A pesar de que de su divorcio pasaron otros 5 años, le dolía en el alma todo aquello.
Para quitar la tensión supuse en voz alta:

- Victor, las cortinas fueron daños colaterales, no se lo tengas en cuenta. Piensa que los 380 pares de zapatos no caben en ninguna bolsa ni caja, solo en un saco improvisado de unas cortinas. No era nada contra tuya, fue una herramienta que estaba más cerca de su alcance para recogerlo todo y no volver nunca más.

Victor levantó una ceja y parecía que por primera vez veía de otro modo aquella escena. Si fuera cierto, me alegro haberle suavizado ese "cuerpo dolor" que seguía pinchando en el corazón y su orgullo.

- Por eso no quiero a ninguna que pase más tiempo ante su propio reflejo chantajeando al espejo con secuestrarlo por  las FARC si no es la más bella! No quiero a ninguna egoísta que se piense que su ombligo es lo más.  Estoy buscando una relación estable junto a una persona que sea capaz de hacerme feliz, alegrarme la vida, posiblemente tener familia, que sea comprensiva y alegre, paciente y me haga sentir especial a su lado para lo cual debe ser físicamente agraciada y con inquietudes intelectuales. O sea...una BUENA PERSONA...

Hemos revisado más de 20 perfiles que le podrían encajar. Con alguna se ha visto una sola vez, no hubo feeling y la cita en sí resultó cargante. Ante tanto poderío intelectual (lo que se ha pedido en su cuestionario) y opiniones propias sobre todo que tocaron  durante la charla, y  no coincidían en nada, Victor se rindió: nena, una mujer no puede opinar de todo de modo tan tajante! Me ha agotado. No quiero repetir …y lo siento mucho.
A la candidata Victor tampoco gustó demasiado: “Es impertinente, soberbio y arrogante; cualquier replica a mis exposiciones empezaba con una negación, me he agotado!”
Al menos en eso estaban de acuerdo…

Luego mi cliente se emocionó con otra chica y la invitó directamente a pasar juntos unas vacaciones en Canarias.
-         No os conocéis de nada, no os habéis visto ni os habéis tocado. Son casi 10 días de compartir todo el tiempo, no me parece prudente, Victor! – intenté moderar su emoción. En vano!
-         - No sabes cómo se le iluminan los ojos cuando hablamos por el Skype, la quiero en mi vida ya.

Para no cansar a mis lectores diré que las vacaciones resultaron nefastas, cansinas y acabaron con reproches mutuos. Un desastre…
-         - ¿Por qué no revisamos tus criterios de la búsqueda y no damos margen al nivel de estudios, los factores externos y nos centramos en lo que no has tenido en tu relación anterior, alguien que quiera tener familia, hijos, trabajar en algo suyo? – pregunté de nuevo cuando nos vimos con Victor. 
   
    Después de  varios meses de citas intensas y el posterior intercambio de sensaciones y reflexiones éramos íntimos amigos( en España no es muy dificil), pero no se me olvidaba mi misión.

-         - ¿Y qué me propones? – preguntó Victor. – Algo estarás tramando, ¿verdad?

Hace unas semanas le tenía preparado un perfil de una nueva afiliada que no reunía muchos de sus criterios pero esa chica  me impacto durante nuestra entrevista personal.

Al mirarle la cara a Yulia daba pena parpadear por si se perdía un solo rayo de sol que transmitían aquellos ojazos que parecían dos cielos muy azules. Pelirroja, no muy alta, de cutis perfecto; las manos muy cuidadas. Parecía una muñequita de porcelana. Una amplia sonrisa que contaminaría el corazón del más triste ser; falta de pudor a la hora de preguntar cosas o palabras que no le sonaban.  Era tan sencilla, a la vez tan sensata, tan segura y orgullosa de sus logros en España. Llevaba 7 años en este país sin un solo día de vacaciones, nunca ha salido fuera  ni siquiera para un fin de semana. Ha trabajado duro, muchas horas y como premio a su esfuerzo reunió en metálico una cantidad suficiente para comprarse  un  Audi3 de segunda mano, en muy buen estado y pagarlo al contado. 
"No le debo nada a nadie," –dijo  Yulia  muy orgullosa.

No se gustaron en las fotos. Ninguno de los dos era el tipo del otro. Pero les convencí a los dos para que quedarsen, aunque fuera para hacerme un favor.

Desde aquel entonces no se han separado ni un solo momento. Ni los 19 años de diferencia de la edad, ni el trabajo poco intelectual como encargada de sala de banquetes; ni las distancias impuestas por el trabajo de Victor, obstaculizaron su amor. Lo que descubrieron uno al lado del otro,  fue tan inesperado y a la vez tan sencillo y completo que parece que llevan así toda la vida.

No  mantenemos aquella amistad con Victor que “prometía” ya que con el tiempo, muchos de los hombres que acuden a una agencia, ponen tierra por  medio y se inventan una leyenda urbana de cómo han conocido a su amada: normalmente cuela la versión de una fiesta  en Marbella o un vuelo compartido hacia Miami. Hay que mantener el nivel.

Son gajes del oficio. Lo más importante es que el concepto y variaciones de lo que se entienden como una “buena persona” encajen con las necesidades del corazón y del alma. Y los condicionantes sociales  no sean impedimento para la felicidad. Y no importa que por el camino quedan atrás nuevas amistades, al fin al cabo son por conveniencia, no por convicción. 

Febrero 2011