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27 de octubre de 2011

LA IGUALDAD...SIN FANATISMOS. OLESYA 38 años (2 años en España)

A los 18 años, nada más terminar el bachillerato en una pequeña ciudad ucraniana, hizo las maletas y se fue a Moscú a estudiar el Diseño de interiores en una Universidad de la capital rusa.
Su hermana mayor trabajaba ahí como ayudante del realizador de una productora de cine.
Terminados sus estudios y por ser número uno de su promoción y con un premio en metálico por su proyecto final, fue fichada por una multinacional. Pasó ser de una de las diseñadoras a la Directora del departamento en 4 años y a ser nombrada Directora nacional más jóven entre todos los países donde su empresa estaba presente dos años más tarde.
Viajó por todo el país donde sus jefes inauguraban sus tiendas, instruyó a sus jóvenes subordinados;  participó en varios concursos nacionales e internacionales de diseño, ganó varios premios.
Ha estado por trabajo y de vacaciones en más de 50 países y en 2009 aterrizó en Madrid para incorporase a uno de los nuevos centros de la multinacional escandinava para seguir dirigiendo el equipo de profesionales de diseño.

Por primera vez en casi 20 años se sintió incómoda con sus compañeros de trabajo que conspiraban contra ella, la ninguneaban, intentaban ponerla en evidencia ante los jefes superiores. Quizás por envidia, quizás por el resentimiento de no haber sido promocionados dentro de su colectivo laboral o quizás porque por primera vez les estaba dirigiendo una mujer rusa. No lo sabremos nunca.
Una d emis afiliadas la conoció por pura casualidad y me llamó para que fueramos a comer juntas.
La pregunté si salía con alguien y me contestó:
-      Todavía no hablo bien el español, solo inglés, trabajo hasta los sábados, llego a mi casa a las 22:30.
Ni siquiera tengo plantas en casa, se me mueren, siempre estoy fuera. Mis posibilidades de conocer a un hombre que me guste son nulas.
Y le ofrecí rellenar el cuestionario para presentarle a alguien de mis clientes.
Entre varios posibles candidatos hemos seleccionado a Juan, un funcionario con un puesto de cierta responsabilidad, un hombre de 42 años, soltero, sin hijos que se describía antes que nada como una buena persona, legal y fiel, con ganas de tener una relación seria y caasarse. Parecía muy entusiasmado al conocer a Olesya.
A pesar de que le  preocupaba a mi nueva afiliada que mi cliente  no tenía muy blanca la dentadura, que no siempre venía con las uñas arregladas,  pensamos que eran quizás gajes del oficio un hombre solo y algo abandonado, que con el tiempo y más confianza  le pudiera aconsejar hacer algún que otro arreglito…
Fueron a cenar varias veces a VIPs, la elección de él, hablaron de un montón de cosas en las que coincidían y de aficiones que podrían compartir.
Parecía  majo pero un día Olesya me llamó y me dijo:
 - Sabes, estoy algo confusa... después de preguntarme muchas cosas personales e incluso íntimas que parecía un cotilla, pasadas dos o tres citas me las volvió a preguntar de nuevo.
No sé si intentaba pillarme con alguna mentira pero no entiendo por qué, o simplemente no se acordaba de las cosas que parecía le interesaban.
- Bueno, tranquila, algunos hombres son muy despistados y en el caso de Juan es posible que sus gajes de oficio pueden con él y tienes razón, te lo pregunta por si no le has contado la verdad...

Unos días más trade tuvimos otra conversación:
- Después de tanto VIP´s le invité a un japonés que me encantaba y le propuese eligir ya que me había comentado que le fascinaba la comida oriental. Su elección costó 120€, y mi amigo me pasó sin dudar el platito con la cuenta diciendo que  ya que yo había elegido el sitio, sería lógico que la pagara yo.
Vale, la pagué pero me quedé con una desagradable sensación de como si este chaval fuera tan cutre, como si no supiera tratar a una mujer a sus 42 años y su trabajo estable de funcionario del cual presumía.
Y unos días más tarde le comenté que en mi apartamento hacía mucho frío y que llegué al acuerdo con mi casera de rebajar el precio de alquiler y yo, a cambio, instalaría radiadores. Le pedí a Juan que me acompañara a elegir radiadores y me dijo:

-      Espérate un par de meses, los radiadores en primavera serán más baratos y no te van a clavar tanto como ahora.

Olesya no le volvió a ver, le dijo por teléfono que no le llamara más, que no quería volver a verle ya que de que le servía un hombre que no era capaz  escuchar ni oír, implicarse aunque fuera un poco en su vida y actuar AHORA, no esperar las rebajas.

-      Soy una mujer independiente, autosuficiente, he llegado a los 38  sin depender de nadie,  pero sabes, para estar con un hombre inútil, tan poco atento y tan cutre en realidad y seguir  aparentando una mujer fuerte cuando apetece ser ese sexo débil como nos llaman, para qué necesito ESO?

Y ESO, el “héroe abandonado” a los tres días estaba reclamando que le presentasen a nuevas candidatas, rubias con ojos azules. Y no entiende por qué ninguna repite después de su primera cita.

NOSOTRAS, LAS SOBREVIVIENTES

A partir del verano de 1992, un año después de la desaparición de la Unión Soviética, surgieron las agencias turísticas que relevaron a la agencia turística estatal y  monopolista “Intourist” y empezaron a repartir países haciéndose con el control de los destinos turísticos, copiando el formato vacacional que ya existía en el Europa Occidental de vuelos charter que cada fin de semana a decenas aterrizaban en Barcelona, Alicante y Málaga y un par de años más tarde en Tenerife.

Y fueron estas ciudades, Barcelona, Alicante y Málaga que sirvieron de punto de partida y creación de nuestra comunidad en España que hoy en día cuenta con unas 50.000-60.000 personas, residentes legales en España, de los cuales un 72% son  mujeres, y del total de las mujeres un 68% son jóvenes entre 26 y 34 años, universitarias, solteras y sin hijos.(1*)

El cálido clima, la calidad de vida, los precios razonables y hasta baratos de ropa y de calzado en lo que las rusas se gastan mucho dinero,  las facilidades para legalizar su situación en España presentando una oferta de trabajo que a finales de los noventa las empresas exportadoras españolas  hicieron a miles de mis compatriotas,  la campaña de la regularización masiva de extranjeros de 2005;  el carácter español abierto, confiado y tan humano que a veces roza lo inocente, fueron factores principales que convencieron a mucha gente quedarse en España y montar aquí su nueva vida. Un país donde “nunca pasa nada”.

El aspecto físico de una mujer rusa, de piel blanca, pelo rubio y ojos claros, sus tacones hasta en la playa, uñas arregladas, ropa tremendamente femenina y bien combinada, llamó mucho la atención del hombre español, que  hace años descubrió gracias a las turistas suecas el destape y el sexo desenfrenado; encontraba en ese tipo de mujer su ideal, esa fantasía que todo hombre en algún momento de su vida anda buscando.

Por el otro lado el contraste entre la liberada mujer española, su incorporación en el mercado laboral, sus ansias de independencia, de  triunfar en lo profesional demostrando al hombre que son  iguales, hizo que el hombre optó por una alternativa, más callada, menos agresiva en relaciones de pareja, menos mandona, más femenina,  y más cosas olvidadas en este país, que uno se imagina e idealiza para convencerse que así será feliz…

En relaciones de pareja una eslava tiene muy asumido su rol del componente “débil” en la pareja que necesita ser cuidad y protegida por su compañero, en cierto modo guiada por él;  ella  permanece en un discreto segundo plano, no compite con su hombre, no pretende quitarle sus funciones sociales, no dirige un Ministerio de defensa ni patrulla en oscuridad en un país en guerra.       

Tenemos tan asumida la igualdad y a la vez las diferencias objetivas entre un hombre y una mujer por capacidad y delimitaciones físicas, por eficiencia de hacer ciertas cosas con mayor dedicación que no nos es necesario estar  reclamando nuestros derechos cada dos por tres.

Antes de que las feministas me llamen machista y retrógrada quiero subrayar que no defiendo el patrón de conducta de una mujer que parece sumisa  y conformista, aunque en realidad  más que sumisión o conformismo, son muestras de sabiduría en amor: paciencia, tolerancia y la capacidad de perdonar, no dar ni prestar la mayor importancia a ciertas cosas en la vida de la pareja que en España saltan a primera de cambio acompañadas con el tan frecuente “Que te aguante tu madre”.

Me limito a  exponer aquello que debido a una serie de costumbres y tradiciones  históricas, culturales y sociales se ha convertido en el carácter nacional  y, al cruzar fronteras de un mundo más avanzado en los derechos de un hombre y la mujer, en lo que implica la igualdad entre unos y otras, ha impactado  tanto a unos como a otras, creando nuevas alianzas llamadas “parejas mixtas”.

Curiosamente hoy en día en Rusia hay muy pocas mujeres políticas, de estas mujeres de bandera cuya voz importa y cuyas opiniones cuentan para promover la libertad y los derechos de la igualdad, anunciar la necesidad de implantación de nuevas leyes,  defender a la mujer conforme esta se incorpora en las facetas de la vida que antes estaba dominada por los hombres. El mundo machista,  basto y hasta violento del hombre ruso aplasta esas inquietudes pero con cierta  benevolencia  sin que se sientan amenazados permite que se desarrollen las iniciativas emprendedoras.

Así que no hay nada sorprendente en que una mujer rusa,  aterrizada con una maleta, a veces con un hijo cuyo padre desaparece para siempre al firmar el divorcio, en poco tiempo se convierte en una emprendedora y una mujer de éxito. De esas que hablan poco, cocinan rico y nunca les duele la cabeza,  y aunque no hubiera un buen hombre en su vida, son capaces de salir adelante sin el apoyo de su familia ni amigos que quedan muy lejos y sacar adelante a sus hijos, darles una buena educación y formación y convertirles en seres competitivos, unos  sobrevivientes natos.

(1*) Estadísticas facilitadas en el 2005 por el Consulado General de Rusia en Barcelona