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2 de septiembre de 2013

SÍNDROME DE SEPTIEMBRE: ADIÓS VERANO, HOLA DIVORCIO!


No se trata de un tópico más o una leyenda urbana. Los que nos dedicamos a relaciones interpersonales, me refiero a terapeutas, psicólogos y abogados matrimonialistas, sabemos que, en cuanto llega Septiembre, el número de demandas de separación y de divorcio aumenta de manera brutal. 

La cuestión es ¿por qué las vacaciones que nos hacen tanta ilusión, que en principio suponen la posibilidad de disfrutar de más tiempo en compañía de tu ser más querido, libres los dos de todo estrés laboral, agobios emocionales y preocupaciones cotidianas, se traduce en un conflicto sin solución y posterior ruptura?
                          
La cruda realidad de las relaciones en la actualidad consiste en poco tiempo que ambos pasan juntos; se ven y comparten su espacio vital apenas. Por lo tanto las expectativas de pasar una temporada juntos sin hacer nada, de ambos componentes de la pareja son muy distintas: el hombre que por fin ha conseguido desconectar puede optar por descanso pasivo, centrándose en lo que no pudo hacer mientras trabajaba; la mujer cuenta con que toda la atención de su compañero será dirigida hacia ella, para compensarle pocas emociones compartidas a lo largo del año. Y resulta ue esas expectativas no son nada realistas. En las vacaciones no cambiamos de hábitos afectivos, solo repartimos el día de modo diferente. En un hombre y en una mujer el enfoque  de la afectividad es muy diferente y no cambia en vacaciones: ella puede necesitar determinadas manifestaciones afectivas y amorosas, y el otro suele confundir afectividad con sexualidad.  Y llegan las sorpresas, poco agradables en mayoría de situaciones: se constatan conductas que pasan inadvertidas en la vorágine de la vida familiar. Pero, por encima de todo, hay un hecho determinante: es muy difícil la convivencia las 24 horas del día, algo a lo que la mayoría de las parejas no está acostumbrada durante el resto del año y de repente las vacaciones son más agobiantes que la vida a lo largo del año con otro orden de prioridades y otra disciplina.

Y de repente "asoman las orejas" los cuatro causantes de una posible ruptura al final de las vacaciones:

Según los expertos  los principales motivos que precipitan la decisión de poner fin a una relación tras las vacaciones estivales son las siguientes:

1. Infidelidad
Aunque las estadísticas subrayan que la causa principal del divorcio en España es la infidelidad del varón (18,6 %), lo cierto es que la mujer también empieza a “ganar terreno” en este campo. Respecto a este tema, se pueden dar dos circunstancias: que uno de los miembros de la pareja sea infiel precisamente en la época estival (el “Síndrome del Rodríguez”) o que, debido al mayor tiempo que se pasa con la pareja, salga a la luz o se descubra una infidelidad cometida. Ocurre que uno de los dos, “el/la culpable”, baja la guardia y confiesa “el delito” durante las vacaciones en un momento de intimidad…
Antes de cerrar la puerta de un portazo e ir corriendo al abogado amigo para formular la demanda de separación yo optaría por una serie de medidas que podrían evitar tal desastre:

Muchos expertos coincidimos en  que en un elevado número de casos la infidelidad suele ser consecuencia de un problema mucho más profundo que existe en la pareja y se debe a falta de comunicación. 

 “Con una adecuada orientación (mediador familiar, psicólogo) muchas parejas consiguen perdonar y desdramatizar el suceso, y volver a confiar en el otro. En estos casos, resulta especialmente importante determinar el motivo por el que se ha buscado una relación paralela para tratar de establecer alternativas de cambio si es posible. En todos los casos, resulta de especial ayuda el apoyo de un psicólogo o un terapeuta, sobre todo en aquellas parejas en las que uno de los miembros no puede integrar ni entender el suceso en su vida cotidiana, atribuyéndole significados ocultos a la infidelidad lo que, si no se actúa a tiempo, puede convertir la relación en un auténtico infierno”. 

Por la parte que me toca sigo pensando que la sinceridad (demasiada en este caso) y "las cosas dichas a la cara"...según que cosas; no siempre son necesarias. Si podemos evitar el daño y el sufrimiento de nuestro mejor amigo en la vida que es la pareja, hay que saber morder la lengua y no bajar la guardia. Y si se puede evitar otro desliz, intentarlo sin duda alguna.

2. El complot de las  suegras (familia política).
 
las suegras son un peligro en potencia para una pareja que no atraviesa su mejor momento.
“Aunque lo ideal es pactar de antemano con la pareja lo adecuado o no de que compartir las vacaciones con la familia política, en ocasiones esta decisión nos viene impuesta, lo que puede suponer un coste emocional muy alto”.
Una relación supone saber negociar, en muchos aspectos de la vida en común, y el hecho de compartir o no las vacaciones con los familiares, es fundamental de dejarlo claro desde el principio.
Nunca reuniones familiares prolongadas en el tiempo siriveron para mejorar la relación, de nadie. 
Y en vacaciones sin duda  la familia política se convierte en factor de irritación, alteración y discusiones.

Como remedio contra la suegra en casa, a no ser que la situación se derive de un hecho grave o esté muy deteriorada previamente, lo mejor que puede hacer una pareja para evitar que la actitud de las respectivas familias mine su relación es intentar una comunicación eficaz y minimizar el contacto cuando ambos están vulnerables y sensibles (más que nada en primeros días de las vacaciones ya que nos cuesta desconectar). “Hay que expresarle al otro de forma franca y abierta pero positiva cómo nos sentimos y de qué modo nos afecta el hecho de que la familia política interfiera en la vida cotidiana, intentando en la medida de lo posible evitar adjetivos del tipo ‘insoportable’, ‘terrible’, etc”.

3. El síndrome postvacacional o los amigos ya divorciados también opinan
El síndrome postvacacional puede afectar al estado de ánimo, haciendo que a la vuelta de las vacaciones, con las expectativas no realizadas, en conversaciones con amigos que han disfrutado sus vacaciones en libertad absoluta debido a que ya han pasado por un divorcio; se produzca un replanteamiento del esquema vital y se decida arreglar o romper con aquellos aspectos que no funcionan, entre ellos, la relación de pareja. 

Expertos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC) explican que este síndrome conlleva síntomas físicos y psíquicos, como tristeza o irritabilidad, que pueden inducir a tomar decisiones equivocadas.

Para evitar una ruptura inmediata, es aconsejable no tomar decisiones nada más  a su regreso de las vacaciones; dejar que pase un tiempo para que ambos vuelvan a la rutina marcada por compromisos profesionales y familiares; esperar al menos un mes después de la vuelta para empezar a plantearnos grandes cambios, ya que necesitamos estar lúcidos de mente para afrontar la decisión con seguridad y nunca con dudas. Nos acordamos de aquel refrán sobre las cosas que se piensan y se hacen en FRIO. 

Los amigos ya divorciados, cuya opinión no se pide pero se expresa con todo lujo de detalles; no hacen ningún bien y muchas veces proyectan sus propias frustraciones, buscando aliados, con sus comentarios adversos e hirientes.

Mi consejo es que a pesar de sentir necesidad de compartir sus dudas, uno no debe confiar en esa clase de entorno.

Para superar esta situación, los expertos de la SEMFYC recomiendan tener una actitud positiva para ir adaptándose poco a poco al cambio de vida después de las vacaciones y evitar la ansiedad que genera el volver a la rutina y a los problemas cotidianos del trabajo y la familia

4. Otros "enemigos comuflados" de la pareja que causan  la ruptura

El desgaste de la relación, las dificultades de comunicación entre los cónyuges, el cambio de estilo de vida y de valores de uno de los miembros de la pareja; el desempleo y reducción de ingresos de la pareja; falta de amor; abusos verbales; problemas en el ámbito sexual… Todas estas circunstancias, a menudo solapadas por la inmediatez de las necesidades y las rutinas diarias, pueden hacerse mucho más evidentes durante las vacaciones.

“Conviene tener en cuenta que el desgaste en una relación no se produce de la noche a la mañana; es un proceso de duración variable, en algunas ocasiones bastante largo, que puede sustentarse en la pérdida progresiva de interés por el otro o en la monotonía de la relación. Llegado el caso, interesa revisar la relación y tratar de establecer si aún es posible encontrar puntos en común, o ser honestos y determinar si algún día existieron”.





Para concluir os dejo una canción de la argentina MARCELA MORENO sobre el tema en cuestión...


Si estás pasado por una situación similar, antes de tomar cualquier decisión, ponte en contacto conmigo a través de mi programa de radio  PREGUNTAME LO QUE QUIERAS  con LUCIA VITALI  en www.cvbradio.es   e intentaré  ayudarte.